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29 Agosto 2007
13 Febrero 2007
2 Diciembre 2006

"En una de las paredes de mi cuarto hay colgado un hermoso reloj antiguo que ya no funciona. Sus manecillas, detenidas desde casi siempre, señalan imperturbables la misma hora: las siete en punto.
Casi siempre, el reloj es sólo un inútil adorno sobre una blanquecina y vacía pared. Sin embargo, hay dos momentos en el día, dos fugaces instantes, en que el viejo reloj parece resurgir de sus cenizas como un ave fénix.
Cuando todos los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares, y los cucús y los gongs de las máquinas hacen sonar siete veces su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación parece cobrar vida. Dos veces al día, por la mañana y por la noche, el reloj se siente en completa armonía con el resto del mundo.
Si alguien mirara el reloj solamente en esos dos momentos, diría que funciona a la perfección... Pero, pasado ese instante, cuando los demás relojes callan su canto y las manecillas continúan su monótono camino, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que una vez detuvo su andar.
Y yo amo ese reloj. Y cuanto más hablo de él, más lo amo, porque cada vez siento que me parezco más a él.
También yo estoy detenido en un tiempo. También yo me siento clavado e inmóvil. También yo soy, de alguna manera, un adorno inútil en una pared vacía.
Pero disfruto también de fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora.
Durante ese tiempo siento que estoy vivo. Todo está claro y el mundo se vuelve maravilloso. Puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes que en todo el resto del tiempo. Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable.
La primera vez que lo sentí, traté de aferrarme a ese instante creyendo que podría hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como mi amigo el reloj, también se me escapa el tiempo de los demás.
Pasados esos momentos, los demás relojes, que anidan en otros hombres, continúan su giro, y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática, a mi trabajo, a mis charlas de café, a mi aburrido andar, que acostumbro a llamar vida.
Pero sé que la vida es otra cosa.
Yo sé que la vida, la de verdad, es la suma de aquellos momentos que, aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía del universo.
Casi todo el mundo, pobre iluso, cree que vive.
Solo hay momentos de plenitud, y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir para siempre, quedarán condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianidad.
Por eso te amo reloj. Porque somos la misma cosa tú y yo."
EL TIEMPO
Aferrarse al tiempo
significa restringirse uno mismo
pues pasará, inexorable y altivo,
en busca de los pasos que nos presta.
Además, esa falaz huella
que nos sacude a diario emborrachándonos de vida,
ese rancio licor viejo añejado en nuestro pellejo
y el cristal opaco en que nos lo bebemos
son sombra y amenaza,
recuerdo de lo que fuimos.
Pero esta noche el resto de mi copa
es una sencilla emoción,
un trago corto que le doy al alma
al recordarte y compartir contigo
esa impune manera con que te entregas
a la tarea de vivir la vida
sin sangre,
sin pudor
y sin infierno.
3 Noviembre 2006
No dejes que termine el día
sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz,
sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite
el derecho de expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer
de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y
las poesías sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa :
tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores :
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes. Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra
de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta el pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente, sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes
nos precedieron de nuestros
"poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros.
"Los poetas vivos".
No permitas que la vida
te pase a ti sin que la vivas...
("Vive". Walt Whitman)
Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él. Paulo Coelho
5 Octubre 2006
Hace mucho tiempo, en un pueblito de la Pampa Argentina, dos hermosos jóvenes se pusieron de novios cuando ella tenía trece años y él dieciocho. Vivían en un pueblito de leñadores situado al lado de una montaña. Él era alto, esbelto y musculoso, dado que había aprendido a ser leñador desde la infancia. Ella era rubia, de pelo muy largo, tanto que le llegaba hasta la cintura; tenía los ojos azules, hermosos y maravillosos.
La historia cuenta que habían noviado con la complicidad de todo el pueblo. Hasta que un día, cuando ella tuvo dieciocho años y él veintitrés, el pueblo entero se puso de acuerdo para ayudar a que ambos se casaran.
Les regalaron una cabaña, con una parcela de árboles para que él pudiera trabajar como leñador.
Después de casarse se fueron a vivir allí para la alegría de todos, de ellos, de su familia y del pueblo, que tanto había ayudado en esa relación.Y vivieron allí durante todos los días de un invierno, un verano, una primavera y un otoño, disfrutando mucho de estar juntos. Cuando el día del primer aniversario se acercaba, ella sintió que debía hacer algo para demostrarle a él su profundo amor. Pensó hacerle un regalo que significara esto. Un hacha nueva relacionaría todo con el trabajo; un suéter tejido tampoco la convencía pues ya le había tejido suéteres en otras oportunidades; una comida no era suficiente agasajo...
Decidió bajar al pueblo para ver qué podía encontrar allí y empezó a caminar por las calles. Sin embargo por mucho que caminara no encontraba nada que fuera tan importante y que ella pudiera comprar con las monedas que, semanas antes, había ido guardando de las vueltas de las compras pensando que se acercaba la fecha del aniversario.
Al pasar por una joyería, la única del pueblo, vio una hermosa cadena de oro expuesta en la vidrieria. Entonces recordó que había un solo objeto material que adoraba verdaderamente, que él consideraba valioso. Se trataba de un reloj de oro que su abuelo le había regalado antes de morir. Desde que era niño, él guardaba ese reloj en un estuche de gamuza, que dejaba siempre al lado de su cama.
Todas las noches abría la mesita de luz sacaba del sobre de gamuza aquel reloj, lo lustraba,le daba un poquito de cuerda, se quedaba escuchándolo hasta que la cuerda se terminaba, lo volvía a lustra, lo acariciaba un rato y lo guardaba nuevamente en el estuche.
Ella pensó: “Qué maravilloso regalo sería esa cadena de oro para aquel reloj”. Entró a preguntar cuanto valia y, ante la respuesta, una angustia la tomó por sorpresa. Era mucho más dinero del que ella había imaginado, mucho más de lo que ella había podido juntar. Hubiera tenido que esperar tres aniversarios más para poder comprárselo. Pero ella no podía esperar tanto.
Salió del pueblo un poco triste, pensando qué hacer para conseguir el dinero necesario para esto.
Entonces pensó en trabajar, pero no sabía cómo; y pensó y pensó, hasta que, al pasar por la única peluquería del pueblo, se encontró con un cartel que decia: “Se compra pelo natural”.Y como ella tenía ese pelo rubio, que no se habia cortado desde que tenía diez años, no tardó en entrar a preguntar.
El dinero que le ofrecían alcanzaba para comprar la cadena de oro y todavía sobraba para una caja donde guardar cadena y reloj. No dudó. Le dijo a la peluquera:
"Si dentro de tres días regreso para venderle mi pelo, ¿usted me lo compraría?"
"Seguro" —fue la respuesta.
"Entonces en tres días estaré aquí".
Regresó a la joyería, dejó reservada la cadena y vol vió a su casa. No dijo nada.
El día del aniversario, ellos dos se abrazaron un poquito más fuerte que de costumbre. Luego, él se fue a trabajar y ella bajó al pueblo.
Se hizo cortar el pelo bien corto y, luego de tomar el dinero, se dirigió a la joyería. Compró allí la cadena de oro y la caja de madera. Cuando llegó a su casa, cocinó y esperó que se hiciera la tarde, momento en que él solia regresar.
A diferencia de otras veces, que iluminaba la casa cuando él llegaba, esta vez ella bajó las luces, puso sólo dos velas y se colocó un pañuelo en la cabeza. Porque él también amaba su pelo y ella no quería que él se diera cuenta de que se lo había cortado. Ya habría tiempo después para explicárselo.
Él llegó. Se abrazaron muy fuerte y se dijeron lo mucho que se querían. Entonces, ella sacó de abajo de la mesa la caja de madera que contenía la cadena de oro para el reloj.Y él fue hasta el ropero y extrajo de allí una caja muy grande que le había traído mientras ella no estaba. La caja contenía dos enormes peinetas que él había comprado...vendiendo el reloj de oro del abuelo.
Si ustedes creen que el amor es sacrificio, por favor no se olviden de esta historia. El amor no está EN nosotros para sacrificarse por el otro, sino para disfrutar de su existencia.Si te amo, 1o mejor que puedo hacer es trabajar para construir la manera en que los dos vivamos juntos el mayor de los placeres: el encuentro. Un encuentro donde tú sepas que estoy al lado porque me quiero y me prefiero; y donde yo sepa, que estás al lado mío porque, haciendo uso de tus mejores egoísmos, me elegiste para estar contigo.
17 Junio 2006
Varias cosas pueden cambiar a una mujer. Cosas que occuren adentro de sus vida y cosas que ocuren afuera de ella. Pero lo que más importa es lo que ella piensa de sí misma.
Cuando desembarqué en Kiniwata, una isla en el Pacífico, llevé conmigo un cuaderno para tomar apuntes del viaje. Al llegar a casa, mi cuaderno estuvo lleno de descripciones de la flora y fauna de la isla, las costumbres y ropa típica de los habitantes allí. Pero el único apunte que todavía me fascina es el que dice: "Johnny Lingo pagó ocho vacas al padre de Sarita."
A la verdad, no necesito mi cuaderno para recordar el evento. Pienso en ello cada vez que veo a una mujer despreciar a su esposo o a una esposa reducida a silencio bajo el escarnio de su esposo. Quisiera decirles, "Necesitas saber por qué Johnny Lingo pagó ocho vacas por su esposa."
Johnny Lingo no era su nombre verdadero, pero eso es el nombre que Shenkin, el gerente de la casa de huespedes en Kiniwata, lo llamó. Shenkin era de Chicago y siempre daba nombres Americanos a todos los isleños. Pero Johnny era el mencionado por muchas personas en varias ocasiones. Me dijeron que si deseaba pasar algunos días en la isla vecina de Nurabandi, Johnny Lingo tenía alojamiento. Si quería pescar, él podía indicarme por dónde. Si buscaba perlas, él podía traerme las mejores. Toda la gente de Kiniwata hablaban bien de Johnny Lingo, pero a la vez, sonreían cuando se mencionaba su nombre en una manera casi de burla.
"Deje que Johnny Lingo le ayude encontrar lo que quiere comprar, y también déjele hacer el negocio," avisó Shenkin. "Johnny sabe hacer un buen trato."
"¡Johnny Lingo!" Un chico sentado cerca abucheó el nombre y se partió de risa.
"¿Qué pasa?" pregunté. "Todo el mundo me dice que Johnny Lingo es el hombre que puede ayudarme, pero a la vez se rien de él. ¿Cuál es la broma?"
"Oh, nada. A la gente de aquí les gusta reirse," dijo Shenkin, encogiéndose de hombros. "Johnny es el más listo y el jóven más fuerte de las islas, y por su edad, es uno de los más ricos."
"Pero si él es todo lo que me dicen, ¿porqué se reían de él?"
"Por una sola cosa. Hace cinco meses, en el festival de otoño, Johnny llegó a Kiniwata y encontró a una esposa. ¡Pagó ocho vacas a su padre por ella!"
Me impresionó esto porque sabía de las costumbres de la isla. Dos o tres vacas compraríán a una esposa regular, y cuatro o cinco vacas comprarían a una muy buena.
"¡Ocho vacas! Debe ser una mujer bellísima."
"No es fea," concedió Shenkin, con una pequeña sonrisa, "Pero el más bondadoso solamente podía llamarla ordinaria. Sam Karoo, su padre, tenía miedo de quedarse con una solterona."
"Pero entonces, ¿por qué pagó ocho vacas por ella? ¿No dices que ella no es más que ordinaria?"
Nunca en las islas se había oido de algo semejante.
"Dije que sería generoso llamarla ordinaria. Es flaca. Camina con sus hombros encorvados y cabeza agachada. Tiene miedo aun de su propia sombra."
"Bueno pues," dije, "supongo que no hay quien explique las cosas del amor."
"Verdad, y es por eso que los isleños se rien cuando hablen de Johnny. El mejor negociante de las islas y engañado por el viejo torpe, Sam Karoo."
"Pero, ¿cómo?"
"Nadie sabe y todos quieren saber. Al conocer que Johnny venía a pedir a Sam por su hija, los primos presionaron a Sam a pedir tres vacas por ella. Realmente pensaban recibir dos pero una vaca hubiera sido aceptable bajo las circunstancias. Pero, Johnny sorprendió a todos al ir donde Sam Karoo anunciando, "Sam Karoo, padre de Sarita, ofrezco OCHO VACAS por su hija."
"¡Ocho vacas! Yo quería conocer a este Johnny Lingo."
La próxima tarde llegué a la playa de Nurabandi. Me di cuenta cuando pedí la dirección a la casa de Johnny que nadie en Nurabandi se burlaba. Al encontrar al hombre delgado, jóven y serio, me recibió con buen gusto. Ví que tenía el respeto de todos en el pueblo. En Nurabandi nadie hacía burlas. Conversamos en su casa. El me preguntó, ¿Usted vino de Kiniwata?"
"Si."
"¿Hicieron mención de mi en la isla?"
"Me dicen que usted puede ayudarme conseguir todas las cosas que quiero en las islas."
El se sonrió suavemente. "Mi esposa viene de Kiniwata."
"Sí, me dijeron."
"¿Hablan de ella en Kiniwata?"
"Un poco."
"¿Qué dicen?"
"Oh, que..." La pregunta me sorprendió. "...me dijeron que ustedes se casaron durante el tiempo del Festival."
"¿Nada más?" Sus ojos me indicaban que sabía más de lo que decía.
"También cuentan que el acuerdo matrimonial fue de ocho vacas. Muchos se preguntan la razón."
"¿De veras preguntan eso?" Sus ojos se alumbraron con placer. "¿Cada persona en Kiniwata sabe de las ocho vacas?"
Asentí con la cabeza.
"Y en Nurabandi también todo el mundo lo sabe." Su pecho expandió con satisfacción. "Desde ahora y para siempre, cuando conversen de acuerdos matrimoniales, se acordarán que Johnny Lingo pagó ocho vacas por su esposa Sarita."
Pensé, ¡ah, allí está la respuesta, lo hizo por vanidad!
Fue entonces que la ví. La miré entrar al cuarto para poner flores en la mesa. Ella se detuvo por un momento y sonrió al hombre sentado a mi lado. Después salió ligeramente. Era la mujer más bella que jamás había visto. Tenía sus hombros elevados. Su cara se inclinaba hacia arriba. Sus ojos brillaban. Todo aspecto de ella indicaba un aprecio de si misma. Nadie podía quitarle esa confianza en si misma. Era su derecho.
Entonces de nuevo dirigí mi atención a Johnny Lingo. El me miraba. "¿Lo admira?"
"Ella...ella es gloriosa. Pero no es la Sarita de la isla Kiniwata," dije yo.
"Hay una sola Sarita. Es posible que no parezca cómo ellos la veían en Kiniwata."
"Tienes razón. Me dijieron que era ordinaria. Se burlan de usted por el engaño de Sam Karoo."
"¿Usted piensa que ocho vacas son demasiadas por ella?" El me sonrió.
"No. ¿Pero cómo puede ser tán cambiada?"
"¿Nunca has pensado lo qué significa a una mujer el saber que su esposo la haya comprado por el precio más bajo posible? Y, después, cuando las mujeres se ponen a conversar, hablan de cuanto pagaron sus esposos por ellas. Una dice cuatro vacas, otra tal vez seis. ¿Cómo se siente la mujer vendida por una o dos vacas? Eso no podía pasar a mi Sarita."
"Entonces, ¿lo hizo para hacerle feliz a su esposa?"
"Sí quería la felicidad de Sarita, pero quería más que eso. Usted observa que ella es diferente. Es verdad. Muchas cosas pueden cambiar a una mujer--cosas de adentro, cosas de afuera. Pero lo que importa más es lo que ella piensa de sí misma. En Kiniwata, Sarita creía que no tenía valor. Ahora, sabe que vale más que todas las otras mujeres en las islas."
"Entonces, usted quiso..."
"Quise casarme con Sarita. La amo."
"Pero..." Casi entendía.
"Pero," él terminó suavemente, "también quería una mujer que valía ocho vacas."
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